domingo, 10 de marzo de 2013

UNA ENCERRONA EN EL BAÑO

Cuando las amigas se reúnen y deciden salir de shopping, las calles de la ciudad se alborotan, el tráfico se congestiona, los centros comerciales tiemblan, las redes sociales se saturan, las líneas telefónicas colapsan y cualquier cosa puede pasar durante las horas de aventura, tertulia y diversión. No siendo ajena a esta brevísima descripción, el sábado me reuní con dos amigas: una alta y otra bajita, decidimos ir de shopping y arrasar con la probadera de ropa y zapatos. Una vez que las tiendas anuncian que están próximas a cerrar es momento de pensar en ir a comer algún antojito y de paso darle una tregua a nuestros pobres y agotados pies para que descansen de tanta caminata. 

Las tres decidimos ir a comer a un conocido restaurante ubicado en el mismo centro comercial donde estuvimos de shopping. Pedimos una mesa algo apartada del bullicio y nos sentamos en la mejor ubicación. Para suerte nuestra nos tocó un mozo super atento y nos atendió de inmediato, se apiadó de nosotras que estábamos lánguidas y sedientas. Luego de una deliciosa cena y una amena tertulia ya era momento de regresar a casa, cuando a la más bajita de mis amigas se le ocurrió ir al baño antes de salir, mientras que mi otra amiga y  yo nos quedamos en la mesa con los paquetes de las compras.
                                     
Al cabo de un tiempo bastante prudencial nos percatamos que nuestra amiga la bajita demoraba demasiado en salir del baño. Pensamos que tal vez recibió una llamada y se entretuvo hablando por el celular, pero ella había dejado su teléfono sobre la mesa. También se nos cruzó por la mente que quizás había tenido alguna indigestión y problema estomacal. Hacíamos conjeturas y ya estábamos a punto de ir a buscarla cuando al fin la vimos aparecer, venía con cara de puchero sufriendo con una uña rota y nos dijo: "me quedé encerrada en el baño"...

En el momento pensamos que nos hacía una broma, pero su relato fue muy gracioso y convincente. Ella había entrado a uno de los cubículos dentro del baño de damas pero al momento de querer abrir la puerta se dio con la sorpresa de que el seguro estaba atascado y tratando de palanquearlo se rompió una uña. Empezó a gritar pero el baño estaba alejado de nosotras y no pudimos escucharla. Desesperada por salir de ese cubículo y sabiendo que era tarde, decidió tirarse al suelo y tratar de salir gateando o reptando por el espacio libre debajo de la puerta. 
Nos comentó que cuando ya estaba con medio cuerpo afuera sintió que alguien abría la puerta principal del baño de damas y en lugar de pedir ayuda ella se avergonzó y retrocedió nuevamente al cubículo. Mientras la escuchaba atenta trataba de imaginar cómo había hecho mi amiga bajita y de muy "generosa pechonalidad" para poder pasar por el poco espacio libre debajo de la puerta, prácticamente tuvo que estar echada en el suelo para poder salir... y para su mala suerte ese día estaba con vestido!!!... 

No pudimos evitar reír a carcajadas y tomarlo como una humorada, pero la experiencia debe haber sido espantosa para ella. Felizmente que nunca me he quedado encerrada en un baño, pero lo sucedido me hizo recordar una pequeña travesura que ocurrió en mi primer laburo hace muchos años atrás. Era la época en que algunas chicas llevaban a la oficina maletas con ropa importada de EE.UU. y era la hora de refrigerio la ideal para probarnos cada una de las prendas. 
Mi Jefe se había ido a almorzar a su casa, así que su oficina era la más adecuada para que las chicas podamos probarnos la ropa con tranquilidad y comodidad. Estábamos en plena cambiadera cuando un compañero de trabajo nos tocó la puerta con apuro y dijo: "ya regresó el jefe". Con el nerviosismo de que el jefe nos encuentre a medio vestir todas las chicas salieron despavoridas y yo atrás de ellas, cuando de pronto la puerta que estaba con el pestillo puesto se cerró. Me había quedado sin zapatos y vestida con ropa que tenia colgando las etiquetas de la marca. El chico de la broma se reía a carcajada limpia mientras que yo me puse pálida cuando me di cuenta de que la llave duplicada de la oficina de mi jefe también se había quedado adentro, al igual que mis zapatos, mi propia ropa y el resto de prendas que llevaron para la venta. Todo regado sobre su escritorio, sillones y las butacas de visita. 

Estaba a punto del colapso cuando el chico de la broma se empezó a preocupar y como buen ingeniero, se las ingenió para utilizar un cuchillo de mesa y meterlo por la ranura entre las hojas de la ventana de la oficina del jefe. Con astucia y mucha paciencia empezó a palanquear suavemente el pin del seguro para que vaya resbalando y así fue, el seguro cedió y oh maravilla... las ventanas corredizas se abrieron de par en par!!!. El se metió por la ventana y logró abrir la puerta. Con lo sucedido quedé curada del susto y por supuesto que jamás volví a hacer tremenda travesura, producto de la irresponsabilidad de la inmadurez de aquellos años. Mientras tanto, y teniendo como ejemplo lo sucedido a mi bajita amiga, ya he pensado y elaborado mi Plan B de emergencia en caso de una encerrona en el baño... uno nunca sabe cuando lo vaya a necesitar!!! :D

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